Cortedad o mala fe


Podemos soñar que estamos en un mundo imaginario del que no queremos salir ni por encanto. Este mundo podíamos asimilarlo a nuestra España, o más concretamente al mundo al que pertenecen nuestros flamantes representantes en ambos hemiciclos.

Atrás quedan los desvelos y devaneos de cara a dar la buena imagen de un mundo que ni siquiera son capaces de soñar, cuanto ni más de realizar. Atrás quedan los insomnios sufridos por los pobres españoles que aún creen en la esperanza de quienes no saben esperar nada. Atrás queda la buena fe perdida por mor de los aspirantes a oradores que han demostrado cómo son capaces de convertir la ilusión en puro juego de cachondeo que les ha aupado a una posición confundida. Todos pensaban que al hacer confluir sus cuidadas posaderas con los bancos de los lugares en donde se decide lo público, todo iba a cambiar; pensaban que el toro dejaría de mugir, la rana de croar, el burro de rebuznar y el niño de llorar. De ahora en adelante, a los aspirantes a oradores los llamaremos aspirantes a lloradores porque no hacen otra cosa: las cosas no son como ellos quieren que sean..., ellos no sabían, todos creían..., los de antes tienen la culpa,.... sólo les falta ir al confesionario en busca de la absolución a su cortedad, ¿o de su mala fe?